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Almuerzos saludables para niños: el recreo también educa

Foto del escritor: Carolina Iglesias
Carolina Iglesias
3 sept
6 min de lectura

Con la vuelta al colegio regresa una de esas preguntas que se repiten cada mañana en muchas casas:

“¿Qué le pongo hoy para el recreo?”

Queremos que nuestros hijos lleven algo saludable, que les guste, que no termine aplastado dentro de la mochila y que, además, podamos preparar sin levantarnos media hora antes.

Ante esa preocupación aparecen en las redes sociales propuestas muy elaboradas: fiambreras llenas de compartimentos, fruta cortada con formas, tortitas caseras o bocadillos diferentes para cada día.

Todo puede ser una buena idea, pero no deberíamos convertir el almuerzo escolar en una nueva fuente de presión para las familias.

Preparar almuerzos saludables para niños no consiste en llenar la fiambrera de alimentos diferentes, sino en elegir una opción sencilla que se ajuste a su hambre, sus horarios y el resto de su alimentación.


¿Todos los niños necesitan tomar algo en el recreo?


No necesariamente de la misma manera.

El almuerzo de media mañana es una comida complementaria. Su cantidad dependerá de varios factores:

  • A qué hora ha desayunado.

  • Qué ha comido antes de salir de casa.

  • Cuánto tiempo falta para la comida.

  • Su edad, apetito y nivel de actividad.

  • Si presenta alguna necesidad médica o nutricional concreta.


Un niño que desayuna temprano o muy poco puede necesitar un almuerzo más completo. En cambio, si ha tomado un desayuno suficiente y come poco después del recreo, quizá una pieza de fruta sea suficiente, incluso puede haber días en los que no tenga hambre.


La guía sobre alimentación escolar de la Agencia de Salud Pública de Cataluña señala precisamente que las cantidades deben adaptarse a las necesidades individuales y a la sensación de hambre expresada por cada niño.

Por eso, antes de preguntarnos qué alimento “toca”, conviene observar cómo es realmente su mañana.


Cómo preparar un almuerzo saludable para el colegio


No es necesario que cada fiambrera incluya fruta, cereales, lácteos, proteínas y grasas saludables.

El equilibrio no se consigue en una sola toma, sino observando la alimentación del conjunto del día y de la semana.


Podemos utilizar una estructura flexible basada en tres grupos:

  • Fruta fresca: plátano, mandarina, manzana, pera, fresas, melón o cualquier fruta que resulte fácil de comer.

  • Pan o cereales: pan, preferentemente integral si el niño lo acepta, copos de avena o alguna preparación casera sencilla.

  • Alimentos que aporten proteína o grasas saludables: queso, huevo, hummus, yogur natural, pescado en conserva o frutos secos, teniendo en cuenta la edad y las normas del colegio.


No es obligatorio combinar siempre los tres. Si falta poco para comer, una fruta puede ser suficiente, cuando el desayuno ha sido escaso o quedan varias horas hasta la comida, puede resultar más adecuado combinar dos elementos, por ejemplo, fruta y frutos secos o un pequeño bocadillo y la bebida con la que debemos acompañar el almuerzo debe ser el agua.

Bicicleta con ruedas formadas por rodajas de naranja

El bocadillo de toda la vida sigue siendo una buena opción


A veces buscamos alternativas tan novedosas que olvidamos que un bocadillo pequeño puede ser práctico, nutritivo y fácil de comer.


No hace falta que sea un bocadillo gourmet, que lleve cinco ingredientes o que el pan sea obligatoriamente de masa madre. Podemos escoger un pan de buena calidad, integral cuando sea bien aceptado, y variar el relleno:

  • Tomate y aceite de oliva.

  • Tortilla bien cuajada.

  • Queso y tomate.

  • Hummus.

  • Atún y tomate.

  • Pollo cocinado que haya sobrado de la cena.

  • Crema de frutos secos sin azúcar, extendida en una capa fina y siempre que el colegio permita llevarla.


Lo que conviene evitar es que el relleno habitual sea siempre embutido, fiambre, crema de cacao o productos cárnicos procesados. Esto no significa que un bocadillo de chocolate ocasional vaya a estropear la alimentación de un niño, sino que no debería convertirse en la única alternativa de cada semana.


Ideas de almuerzos saludables para niños


Estas combinaciones pueden adaptarse a la edad, el apetito y los horarios de cada niño:


Opciones más ligeras:

  • Un plátano.

  • Una mandarina o dos pequeñas.

  • Manzana o pera cortada.

  • Uvas cortadas longitudinalmente en los niños más pequeños.

  • Dados de melón o sandía en un recipiente.

  • Una fruta acompañada de agua.


Opciones algo más completas:

  • Plátano y un pequeño puñado de frutos secos.

  • Mandarina y dados de queso.

  • Manzana y un bocadillo pequeño con tomate y aceite de oliva.

  • Bocadillo de tortilla bien cuajada.

  • Pan con hummus y tomate.

  • Bocadillo de queso y tomate.

  • Yogur natural con fruta, siempre que pueda conservarse frío.

  • Tortita casera de avena, plátano y huevo.

  • Fruta y pan con una capa fina de crema de cacahuete o almendra.

  • Medio bocadillo de atún con tomate.


La variedad es positiva, pero no hace falta ofrecer una opción diferente cada día. Si un niño acepta bien tres o cuatro alternativas, podemos rotarlas durante la semana e introducir otras poco a poco.


La fruta se come, no se bebe


Los zumos, aunque sean caseros, no sustituyen a la fruta entera. Al exprimirla se modifica la forma en la que la consumimos, se pierde parte de la fibra y resulta mucho más fácil tomar una cantidad elevada en poco tiempo.


Además, los zumos, batidos azucarados y bebidas de fruta desplazan al agua como bebida habitual.


Para facilitar el consumo de fruta podemos adaptar su presentación:

  • Elegir frutas fáciles de pelar, como el plátano o la mandarina.

  • Cortarla cuando todavía no sepan manejarla bien.

  • Utilizar un recipiente rígido para evitar que se aplaste.

  • Variar entre fruta entera, gajos o dados.


La presentación puede ayudar, pero tampoco es necesario convertir cada manzana en una figura, lo importante es que resulte reconocible, accesible y fácil de comer.


¿Qué ocurre si el almuerzo vuelve intacto a casa?


Que un niño no se coma el almuerzo no significa necesariamente que no le guste o que esté desobedeciendo.


Puede que no tuviera hambre, que la cantidad fuera demasiado grande, que le costara abrir el recipiente o que prefiriera aprovechar el recreo para jugar. También puede suceder que el alimento estuviera difícil de comer, demasiado maduro o poco apetecible después de varias horas en la mochila.


En lugar de insistir con un “tienes que comértelo”, podemos preguntar:

  • “¿Era demasiada cantidad?”

  • “¿Te ha dado tiempo a comerlo?”

  • “¿Te resultaba difícil de abrir?”

  • “¿Prefieres llevar mañana plátano o bocadillo?”


Ofrecer dos alternativas permite que participe sin dejar toda la decisión en sus manos. Involucrar a los niños en la elección y preparación favorece su autonomía y puede mejorar la aceptación de los alimentos.


Qué alimentos conviene no llevar todos los días


Galletas, bollería, zumos, batidos azucarados, chocolatinas y aperitivos de bolsa resultan muy cómodos: no necesitan preparación, se conservan fácilmente y suelen gustar.

El problema no está en que aparezcan alguna vez, sino en que se conviertan en el almuerzo automático de todos los días.

Podemos recurrir también a opciones sencillas y poco elaboradas: una fruta, un trozo de pan, un poco de queso o un pequeño bocadillo requieren muy poca preparación y aportan una mayor calidad nutricional.

No se trata de prohibir ni de clasificar los alimentos entre “buenos” y “malos”, sino de decidir cuáles queremos que formen parte de la rutina y cuáles reservamos para un consumo ocasional.


La seguridad también forma parte de un buen almuerzo


Antes de preparar el tentempié debemos tener en cuenta algunas precauciones:


  • Los frutos secos enteros no deben ofrecerse antes de los cinco o seis años por el riesgo de atragantamiento. En los más pequeños pueden utilizarse molidos o en una crema fina, adaptando siempre la textura.

  • Es importante conocer las normas del colegio respecto a los alimentos que pueden contener alérgenos.

  • Los lácteos, el huevo, el hummus, el pescado y la carne necesitan mantenerse refrigerados. Si el centro no dispone de frigorífico, deben transportarse en una bolsa isotérmica con acumulador de frío.

  • Las tortillas deben estar bien cuajadas.

  • La fruta debe lavarse correctamente y los alimentos deben guardarse en recipientes limpios y fáciles de abrir.

  • El tamaño y la textura deben adaptarse a la edad y capacidad de masticación del niño.


El recreo también es un espacio de aprendizaje


Preparar el almuerzo escolar no consiste solamente en cubrir nutrientes. También es una oportunidad para enseñar a elegir, probar, organizarse y escuchar las señales de hambre y saciedad.

Un niño aprende cuando participa en la compra, escoge entre dos frutas, ayuda a preparar su bocadillo o descubre que puede llevar alimentos diferentes a los productos que aparecen en la publicidad.


Pero ese aprendizaje necesita tiempo, repetición y un entorno tranquilo. No se consigue mediante la presión ni haciendo que cada almuerzo parezca un examen para el niño o para su familia.


Una fruta y un bocadillo sencillo pueden ser una excelente opción y algunos días, una solución menos ideal también puede formar parte de una alimentación suficientemente buena.

Porque educar en alimentación no consiste en hacerlo todo perfecto, sino en construir hábitos posibles que puedan mantenerse.


Si formas parte de un colegio, AMPA o asociación y quieres trabajar estos temas con las familias y el alumnado, puedes conocer mis talleres de educación nutricional.


Fuentes consultadas:


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