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El uso de Ozempic para adelgazar no cura el rechazo al cuerpo: perder peso no siempre significa ganar salud

Foto del escritor: Carolina Iglesias
Carolina Iglesias
7 ago
6 min de lectura

Actualizado: 23 ago

Ozempic para adelgazar y presión estética: perder peso no siempre es salud


El uso de Ozempic para adelgazar se ha convertido en uno de los temas más presentes en conversaciones, redes sociales y medios de comunicación.


Hace unos días leí en Público la tribuna “El odio a mi cuerpo fue mi Ozempic”, de Enrique Aparicio. En el artículo el autor cuenta cómo, mucho antes de que se popularizaran las inyecciones para adelgazar, la presión por perder peso ya consiguió que dejara de comer. Adelgazó, recibió felicitaciones y, mientras los demás le decían que estaba mejor que nunca, su salud física y mental se estaba deteriorando.


La historia me hizo pensar en algo que vemos con demasiada frecuencia: una bajada de peso se celebra casi de forma automática. Pocas veces preguntamos cómo se ha conseguido, qué se ha perdido además de grasa o qué precio está pagando esa persona.

Y ahora, con medicamentos como Ozempic ocupando titulares, conversaciones y redes sociales, esa reflexión resulta todavía más necesaria.


No todo deseo de adelgazar nace de la salud

Muchas personas dicen que quieren perder peso “por salud”. A veces es exactamente así. Puede existir diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño, dolor articular, alteraciones metabólicas o un riesgo cardiovascular que conviene abordar.

Pero otras veces, detrás de ese deseo también hay cansancio de sentirse observada, dificultad para encontrar ropa, miedo a no resultar atractiva, comentarios familiares o años escuchando que, si el cuerpo no cambia, es porque falta voluntad.


Reconocerlo no significa negar que un exceso de grasa corporal pueda aumentar determinados riesgos. Significa aceptar que el peso no es un diagnóstico completo y que la salud no puede deducirse mirando una talla.

Una persona delgada puede tener una alimentación muy pobre, poca masa muscular, hipertensión o una relación angustiosa con la comida. Y una persona con un cuerpo grande puede moverse, comer de forma variada, descansar bien y presentar mejores indicadores de salud de lo que otros presuponen.

El problema aparece cuando confundimos dos mensajes diferentes: “hay aspectos de tu salud que podemos mejorar” y “tu cuerpo está mal y debes corregirlo para ser aceptada”. El primero puede acompañar. El segundo hace daño.


Ozempic y Wegovy no son exactamente lo mismo

En el lenguaje cotidiano se utiliza “Ozempic” para hablar de casi cualquier inyección destinada a perder peso, pero conviene diferenciar.

Ozempic contiene semaglutida y está autorizado en la Unión Europea para tratar a personas adultas con diabetes tipo 2 insuficientemente controlada.

Wegovy contiene el mismo principio activo, en dosis y con una indicación diferentes, y está autorizado para el control del peso en adultos con obesidad o con sobrepeso acompañado de determinados problemas de salud.

Es un detalle que importa. Utilizar un medicamento con una indicación clínica no es lo mismo que recurrir a él para perder unos kilos con una finalidad exclusivamente estética. Tampoco debería iniciarse por recomendación de una amistad, siguiendo lo que hace una celebridad o comprándolo por internet.


Qué hace realmente la semaglutida

La semaglutida imita la acción de una hormona que produce nuestro organismo, el GLP-1. Entre otros efectos, aumenta la sensación de saciedad y reduce el hambre, los antojos y la cantidad de comida ingerida. No “estropea” sin más las hormonas ni hace necesariamente que una persona deje de sentir hambre por completo, como a veces se afirma.


En uno de los principales ensayos con Wegovy, las personas tratadas perdieron de media alrededor de un 15 % de su peso después de 68 semanas, frente a un 2 % en el grupo placebo. Es un resultado importante y demuestra que el medicamento puede ser una herramienta eficaz en pacientes bien seleccionados.

Eso no lo convierte en una solución mágica. La respuesta varía, el tratamiento necesita seguimiento y, cuando se retira, puede recuperarse una parte relevante del peso. En la extensión del ensayo STEP 1, las personas estudiadas recuperaron aproximadamente dos tercios del peso perdido durante el año posterior a suspender la semaglutida. Por eso no tiene demasiado sentido empezar sin hablar también de duración, expectativas y plan de seguimiento.


No es inocuo, pero tampoco es el enemigo

Los efectos adversos más habituales son digestivos: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento y dolor abdominal. También existen riesgos menos frecuentes que el profesional debe valorar, como pancreatitis, problemas de vesícula, deshidratación o determinadas complicaciones oculares. La dosis se aumenta progresivamente precisamente para mejorar la tolerancia.

Todo esto exige prudencia, pero no alarmismo. Que un medicamento tenga efectos adversos no significa que sea malo para todas las personas. Significa que debe utilizarse cuando el beneficio esperado compensa el riesgo y que no se debería trivializar como si fuera un producto cosmético.

Tampoco es correcto presentar la semaglutida como un veneno que solo sirve para forzar la delgadez.


En personas con una indicación adecuada puede mejorar el control metabólico y reducir riesgos de salud. La Organización Mundial de la Salud reconoce los tratamientos GLP-1 como una posible opción a largo plazo para adultos con obesidad, aunque su recomendación es condicional y siempre dentro de una atención completa que incluya alimentación, actividad física y apoyo profesional.

Podemos cuestionar la presión estética y, a la vez, reconocer que hay personas que se benefician del tratamiento. Ambas cosas son compatibles.


La pregunta que una inyección no puede responder

Antes de iniciar un tratamiento para perder peso, convendría detenerse en una pregunta: ¿qué espero que cambie en mi vida si adelgazo?

El uso de Ozempic para adelgazar no cura el rechazo al cuerpo
ozempic para adelgazar

Si la respuesta es controlar la glucosa, mejorar la apnea del sueño, facilitar el movimiento o reducir un riesgo médico concreto, hay objetivos que pueden evaluarse más allá de la báscula.

Si la respuesta es dejar de odiarme, sentirme suficiente, atreverme a ponerme determinada ropa o conseguir que los demás dejen de juzgarme, el medicamento no puede garantizarlo. Puede cambiar el peso, pero no desmonta por sí solo años de rechazo corporal.

Incluso puede ocurrir que la meta cambie. Primero son diez kilos; después, cinco más. Luego aparece el miedo a recuperar peso y cualquier aumento se vive como un fracaso. El cuerpo cambia, pero la pelea continúa.


Por eso es importante valorar la relación con la comida y la imagen corporal antes y durante el tratamiento. Si existe atracón, restricción intensa, miedo a comer, ejercicio compulsivo o antecedentes de un trastorno de la conducta alimentaria, hace falta una evaluación específica. El silencio del hambre no siempre equivale a paz con la comida.


El acompañamiento nutricional sigue siendo necesario

Tomar semaglutida no enseña automáticamente a organizar una comida, reconocer las necesidades del cuerpo o mantener hábitos cuando cambian las circunstancias. Tampoco protege por sí sola la masa muscular.


Durante una pérdida de peso conviene vigilar que la ingesta no se vuelva insuficiente, asegurar un aporte adecuado de proteínas, mantener ejercicios de fuerza siempre que sea posible, cuidar la hidratación y adaptar las comidas si aparecen molestias digestivas. También hay que observar el sueño, la energía, el tránsito intestinal y la forma en que la persona se relaciona con la báscula.

El objetivo no debería ser comer lo mínimo posible porque “ya no tengo hambre”. Debería ser aprovechar la herramienta, cuando está indicada, para construir una alimentación suficiente, flexible y sostenible.

Y si el medicamento se reduce o se retira, esa persona necesita un plan y acompañamiento, no un nuevo juicio si el peso aumenta.

Si estás en un proceso de pérdida de peso, con o sin tratamiento farmacológico, puedes conocer cómo trabajo en nutrición personalizada para adaptar la alimentación a tus necesidades, cuidar la masa muscular y construir hábitos sostenibles.


Ni glorificarlo ni demonizarlo

La conversación sobre Ozempic se ha dividido demasiado entre quienes lo presentan como el final de la obesidad y quienes lo ven como una prueba más de que la sociedad quiere borrar los cuerpos grandes.

La realidad es menos cómoda. La semaglutida puede ser un tratamiento útil y, al mismo tiempo, utilizarse mal. Puede mejorar la salud de algunas personas y convertirse en un riesgo cuando se prescribe sin una valoración adecuada o cuando se usa para responder a una presión estética que nunca queda satisfecha.


No necesitamos elegir entre cuidar la salud y respetar el cuerpo. Podemos trabajar la alimentación, la fuerza, el descanso, la glucosa o el riesgo cardiovascular sin humillar a nadie y sin reducir todo el proceso a un número.

Porque una pérdida de peso no siempre cuenta una historia de bienestar. A veces esconde miedo, restricción y agotamiento. Antes de felicitar a alguien por haber adelgazado, quizá deberíamos preguntarle algo más sencillo y más importante: ¿cómo estás?


Si estás siguiendo un tratamiento con semaglutida y quieres profundizar en cómo cuidar tu alimentación durante el proceso, también puedes leer “Alimentación con Ozempic: comer menos no significa alimentarte mejor”, donde explico por qué el medicamento no sustituye la educación nutricional y qué hábitos merece la pena trabajar mientras dura el tratamiento.


Si estás en un proceso de pérdida de peso, con o sin tratamiento farmacológico, el acompañamiento nutricional puede ayudarte a mantener una alimentación suficiente, cuidar tu masa muscular y construir hábitos que puedas mantener en el tiempo. Puedes conocer aquí cómo trabajo en nutrición personalizada.



Fuentes consultadas:

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